Se cumplió la mayorÃa de recomendaciones previstas en el protocolo asentado por el obispo de Tlaxcala, Julio Cesar Salcedo Aquino
Ayer domingo se pudo asistir a una misa, de forma presencial, después de casi cinco meses de encontrarse cerradas las iglesias por el confinamiento.
Eran las ocho de la mañana en punto y frente a la catedral de Tlaxcala ya se observaba actividad, el equipo de seguridad e higiene afinaba los últimos detalles para recibir a devotos, los puestos de comida y venta de escapularios hicieron lo propio.
Durante el rito, fueron de 15 a 20 devotos los que pasaron a recibir el cuerpo y sangre de Cristo, pero con las manos, sin decir amén y con metro y medio de distancia; en general la gente guardó los cánones obligados por la emergencia sanitaria.
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