Ayer se cumplieron ocho años de la tragedia de Jesús Tepactepec, municipio de Nativitas, donde una explosión de cohetes durante la procesión del quinto viernes en honor a Padre Jesús de los Tres caminos arrancó la vida a 25 personas y dejó heridos a 154 pobladores, según cifras oficiales.
Como cada año, el 15 de marzo de 2013 decenas de feligreses
iniciaron la procesión por las calles de las comunidades para recolectar
cohetes para “la salva” y trasladarla al santuario para ofrecerla al santo
patrono, el segundo más visitado en el municipio de Nativitas.
Era medio día, familias caminaban sobre la calle Santa Ana,
a unos metros del templo, debido a que decenas de comerciantes se colocaron en
la plaza principal para ofertar sus productos a los miles de visitantes que
llegan de otros municipios y estados.
Sin embargo, esa tarde algo salió mal y minutos antes de
llegar al santuario, uno de los cohetes encendido por uno de los peregrinos
chocó contra los cables de luz, cayó al suelo y su fuego alcanzó las gruesas que
eran llevadas sobre los hombros por algunas personas provocando una explosión
en cadena, de acuerdo con el testimonio de algunos pobladores.
Nadie daba crédito de la tragedia: cuerpos inertes sobre el
asfalto, otros proyectados varios metros, hilachos de papel y ropa y olor a
pólvora.
De acuerdo con cifras dadas por las autoridades estatales,
se contabilizaron 25 muertos y 154 heridos que fueron trasladados con
quemaduras graves y la pérdida de extremidades al hospital del Sur, ubicado a
unos metros de la tragedia y a hospitales de la capital, Puebla y Ciudad de
México.
El área fue acordonada y fue necesario que elementos del
Ejército Mexicano implementaran el Plan DN-III, mientras peritos de la
Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) realizaban el levantamiento
de los cadáveres.
Aquel año el entonces gobernador del estado, Mariano
González Zarur decretó tres días de duelo y anunció que su gobierno apoyaría a
familiares de las víctimas mortales, mientras que los menores heridos serían
tratados a través de la fundación Michou y Mau.
Después de la tragedia los pobladores decidieron, a partir de ese momento, cambiar cohetes por flores y música; ahora la procesión en honor al Padre Jesús se realiza con bandas de viento y ramos de flores que son ofrecidos en agradecimiento a las bondades recibidas.
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