A 50 años de la masacre de estudiantes en la capital mexicana, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) hizo un recuento de entrevistas con sobrevivientes y analistas.
En 1971 el gobernador Eduardo Ángel Elizondo Lozano promulgó una nueva Ley Orgánica para la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), que prácticamente suprimía la autonomía de la institución y fue rechazada por los sectores estudiantiles y académicos, quienes declararon una huelga e iniciaron una serie de protestas, que desembocaron en un conflicto político que se tradujo en la matanza, el 10 de junio de ese año (Jueves de Corpus) en la capital de la República.
Un grupo de choque entrenado por la Dirección Federal de Seguridad
y la CIA., conocido como Los Halcones, todos ellos jóvenes de extracción
militar, principalmente, y al grito de “¡Viva el Che Guevara!” descargó balas
calibre 45 y carabinas 30 M-2 sobre los manifestantes.
Atacaron a los estudiantes desde las calles aledañas a la
Avenida de los Maestros después de que los granaderos abrieran sus filas. Los
paramilitares venían armados con varas de bambú, palos de kendo y porras, y en
un principio fueron fácilmente repelidos por los estudiantes. En un
contraataque, los Halcones agredieron a los manifestantes una vez más, ahora no
sólo con sus garrotes, sino con armas de fuego. Los estudiantes, por su parte,
intentaron inútilmente esconderse de los jóvenes armados. La policía no
intervino y fue simple espectadora.
El tiroteo se prolongó (fueron horas, se dijo años después)
y algunos transportes daban apoyo logístico al grupo paramilitar, dotándolo con
armas y transportes improvisados, como lo fueron automóviles privados,
camionetas, patrullas policíacas e incluso una ambulancia de la Cruz Verde. Los
heridos fueron llevados al hospital Rubén Leñero, los Halcones llegaron al
nosocomio y allí dieron remate a los jóvenes aún en los quirófanos, además de
intimidar a los internos y al personal médico. El número de muertos fue cercano
a 120.
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