Es difícil establecer con
exactitud los orígenes de esta tradición, pero se cree que surgió en el Zamuc,
o “Fiesta de las Suertes”, del calendario babilónico, cuya versión hebrea sería
la “Fiesta de los Tabernáculos”. En la India también tenían doce días en la
mitad del invierno para vaticinar las condiciones climáticas próximas. Para el
México prehispánico se cree que los aztecas adoptaron de los mayas este
conocimiento (el cual se adaptó al calendario cristiano). Como en ambos casos
sus calendarios constaban de 18 meses de veinte días cada uno -más cinco días
adicionales que no entraban en los meses-, los primeros 18 días de enero
servían para cada uno de los meses y los dos días restantes predecían otros
fenómenos: el 19 para pronosticar el tiempo del solsticio de verano y el 20
para el solsticio de invierno. En cuanto a otros grupos de Mesoamérica y
Aridoamérica, al parecer nada se ha escrito al respecto, aunque podría
suponerse que también tuvieron un sistema similar.
Primero hay que llevar una
bitácora detallada del comportamiento meteorológico de cada día de enero, donde
se anoten los datos pertinentes. Utilicemos el día 6 como ejemplo, el cual
corresponde al mes de junio. Así que desde temprano observamos el cielo, el
viento y la temperatura. El resultado nos daría algo como lo siguiente:
soleado, sin viento y caluroso. (Por supuesto que estos datos son relativos
porque a lo largo del día puede haber variaciones relevantes como: primero
fresco y luego caliente, así como primero nublado y después soleado. Por ello
es mejor tomar una media, es decir, qué predominó más horas durante el día.)
Entonces, cada día tiene un mes que
se le atribuye de manera sistemática (del 1 al 12 es ascendente y del 13 al 24
descendente).
Después tenemos que del día 25 al
30 se toman por medio día para cada mes; desde la madrugada hasta el medio día,
la tarde y noche.
Finalmente tenemos al día 31 con
sus 24 horas. En este caso cada dos horas son asignadas a cada mes, a partir de
la madrugada.
Y bien, ya tenemos todos los días
y sus horas correspondientes a cada mes del año. Si volvemos a nuestro ejemplo
original, que es el mes de junio, sabemos que sus días son el 6, el 19, la
tarde y noche del 27, y las horas de las 12:00 a la 1:59 de la tarde del día
31.
El sistema parece complicado,
pero la verdad es cuestión de ser pacientes y observar con detalle todos y cada
uno de los días, realizar las anotaciones adecuadas, analizar y comparar todos
los datos obtenidos para luego sacar las conclusiones de cómo será el clima en
tal o cual mes del año. Así, con mucha anticipación ya sabremos cuándo lloverá,
qué meses serán muy calientes, cuáles serán fríos, cuándo habrá heladas, y
demás, sin necesidad de estar pendientes de los pronósticos del tiempo en la
televisión, los cuales, son poco confiables debido a que manejan datos muy
globales y temperaturas máximas y mínimas en los extremos para asegurar “poco margen
de error”.
Finalmente reiteramos que las
cabañuelas son, una costumbre oral que se recuerda al momento y sólo durante el
mes de enero, pues en realidad poca gente se toma la molestia de hacer
anotaciones metódicamente y claro, puede tener errores e imprecisiones.
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